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Rodeados de viñedos
y otros cultivos, nos acercamos hasta la ciudad de Santo Domingo
de La Calzada, enclave del Camino de Santiago, cuya catedral
y torre exenta son, junto a la Casa del Santo y el Hospital de
Peregrinos, legado de su origen medieval y jacobeo. Aquí,
cuenta el Milagro que "la Gallina cantó después
de haber sido asada" y, por ello, todavía moran en
su catedral dos ejemplares de bípedo kokorokó:
un bello gallo y su apuesta gallina. Sus antiguas calles y murallas,
la iglesia de San Francisco y el Convento de las Bernardas, serán
también obligada visita a su paso por la ciudad calceatense.
La Catedral románico-gótica,
de los siglos XII al XIV, contiene un espectacular retablo renacentista
de Damián de Forment de 1540, que entre otras obras, realizó
el retablo mayor de la Basílica del Pilar en Zaragoza.
Hasta hace unos años presidió la nave central del
templo como retablo mayor, hoy trasladado a un lateral, ya que
una reciente y polémica restauración del mismo
dejó al descubierto una cabecera tardorománica
de gran interés arquitectónico.
En el interior descansan los
restos de Santo Domingo de la Calzada. Su sepulcro es visitado
a diario, pero especialmente durante las fiestas de mayo, fechas
en las que los devotos calceatenses rinden culto y honores al
"santito", apodo que recibe este anciano centenario
que tanto bien hizo a la ciudad.
Y por dominguera ciudad, pasa
otro camino de caminantes, éste, perpendicular al Jacobeo.
Antiguo camino de hierro, hasta el siglo pasado fue utilizado
por el ferrocarril de vía estrecha que unía las
localidades de Haro y Ezcaray, serpenteando un entorno natural
que atravesaba las frondosas choperas jarreras, merodeando por
los bosques del Oja y las faldas de la Sierra de la Demanda.
El tren que recorría
la ahora denominada Vía Verde, antaño trasladó
a las gentes de Ojacastro, Santurde y Santurdejo, Villalobar
y Bañares, Baños y Catañares, Casalarreina
y otras pequeñas localidades de los aledaños, pero
su principal cometido fue el de transportar minerales de hierro
obtenidos en las minas del Alto Oja. Se construyó en 1916,
facilitando durante medio siglo el comercio de productos textiles
y las relaciones económicas y sociales.
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