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Nos
adentramos en la más oriental de las comarcas riojanas,
llamada Rioja Baja por la escasa altitud de sus montañas
y también debido a que esta zona es la más cercana
a la desembocadura del Ebro.
Su clima pasa a recibir la
influencia del mediterráneo, lo cual origina una vegetación
bien diferenciada del resto de la región. Aquí,
las cepas aportan mayor graduación y extracto a las características
de los vinos de Rioja, ya que la primavera resulta calurosa,
el verano corto y muy cálido, el otoño es lluvioso
y el invierno suele ser suave.
Enoturísticamente hablando,
existe un itinerario institucional llamado "Ruta de la Viña
Recia", que pasea al visitante por ocho localidades riojabajeñas,
además el vino y otros encantos estarán siempre
presentes allá donde vayamos.
Alcanadre muestra la capacidad
que los antiguos romanos tenían para la arquitectura y
la ingeniería, ya que aquí se conservan los restos
de un acueducto del que todavía pueden verse 13 de los
108 arcos que debió de tener. Su función era trasladar
agua hacia Calahorra, a dieciocho kilómetros en línea
recta.
A escasos kilómetros
se encuentra Ausejo, un municipio asentado sobre un montículo,
cuyo interior está excavado para albergar numerosas y
antiguas bodegas donde el vino ha descansado pacientemente durante
siglos. Las tierras ofrecen sus frutos a la Cooperativa San Miguel
y a la Bodega Alicia Rojas.
Aunque con menor presencia de cultivo vinícola, desde
Ausejo llegaremos al Valle de Ocón, zona injustamente
olvidada por la mayoría de los itinerarios turísticos.
Situado entre la Sierra de la Hez y la Depresión del Ebro,
la zona cuenta con numerosos riachuelos que ofrecen sus cristalinas
aguas al Ebro. Merece la pena descubrir el sencillo encanto de
las calles, iglesias y ermitas de Aldealobos, Los Molinos de
Ocón, Pipaona, Santa Lucía, La Villa y Las Ruedas
de Ocón, así como algunos pueblos y aldeas hoy
abandonados.
La tierra aparece salpicada
por extensiones de viñedo, cereal, patata, hortalizas,
olivar y frutales que comparten paisaje con otros elementos como
las cabañas ganaderas del valle, formadas por ganado ovino,
caprino, vacuno, caballar y mular. Al fondo del valle, dominando
altivo el terreno, el pico Cabi Monteros (1.388 m.) máxima
elevación de la Sierra de la Hez. Esta formación
montañosa otea todo el valle, del que no debemos marchar
sin antes visitar las poblaciones de Corera, El Redal y Galilea,
esta última afamada por el extraordinario aceite puro
de oliva que se obtiene en sus trujales.
Rumbo a Calahorra, en Pradejón
y El Villar de Arnedo, se comienza a percibir que nos adentramos
en una tierra de ricas y numerosas huertas, donde buena parte
de la población se dedica al cultivo y elaboración
de conservas, con modernas y productivas industrias que seleccionan,
manipulan y envasan exquisitos champiñones, espárragos,
pimientos, alcachofas y otros muchos productos que ofrecen su
apetitosa calidad a lo largo de la ribera del río más
caudaloso de España.
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