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La localidad de Briones posee
una amplísima riqueza cultural, arquitectónica
y artística que injustamente ha pasado desapercibida para
los turistas que se acercan a La Rioja, pese a que el municipio
fue declarado conjunto Monumental Histórico y Artístico.
Aquí se encuentran las primeras manifestaciones del romanismo
riojano, estilo de escultura que se desarrolla en la España
del XVI.
Casas, casonas, palacios y
palacetes ofrecen un espectacular regreso al esplendoroso pasado
de la villa, que entre los siglos XVI y XVIII alcanza su éxtasis
con la creación de un nuevo tejido urbano, compuesto por
la monumental iglesia de Nuestra Señora de la Asunción,
la creación de servicios comunes para sus habitantes,
como el hospital, varios molinos y la apertura de cuevas para
acoger la cosecha anual de vino, sirviendo además de base
para la posterior edificación de viviendas.
Canteros,
arquitectos, escultores, rejeros, orfebres y otros artesanos
convirtieron Briones en uno de los focos fabriles más
importantes del norte de España. Buena parte de ellos
trabajaron en el interior de los hogares, creando impresionantes
portales empedrados, escalinatas clasicistas, solemnes columnas,
sorprendentes bóvedas y empinados accesos a las cuevas,
excavadas en sus profundas entrañas, donde se conservaban
en condiciones óptimas los vinos, aprovechando la situación
de la villa en una colina.
El entorno rural de Briones conserva media docena de pequeñas
construcciones de piedra de una sóla planta con forma
circular. Hablamos de los guardaviñas, cuyo origen parece
remontarse a la civilización mesopotámica. Siempre
fueron utilizados como refugio de las gentes que trabajaban en
los viñedos, así como para guardar algunos de los
útiles de labranza.
El pasado de Briones se exhibe
anualmente en las bellas Jornadas Medievales que organizan los
vecinos con gran éxito desde 1996. En el mes de junio,
durante un fin de semana, el pueblo se introduce de lleno en
el siglo XIV y recrea con detalle la vida de aquella época.
Cerca de medio centenar de portales temáticos ilustran
con gran realismo la actividad de canteros, guerreros, hilanderas,
mudéjares, copistas, herreros, guarnicioneros, toneleros,
cesteras, vagabundos, hidalgos, judíos y un largo etcétera
de antiguos oficios ya perdidos en la actualidad. Guerreros castellanos
y navarros en lucha, la Santa Inquisición, nobles y plebeyos,
curas y monjas, saltimbanquis, bufones, músicos, mercaderes,
compañías de abanderados, ciegos y lazarillos...
Centenares de actores representan por las calles la intensa actividad
y estatus sociales de siglos pasados, ofreciendo además
un extraordinario espectáculo de luz y sonido que relata
la historia real de la Paz firmada en Briones en 1378 entre Enrique
II de Trastámara, rey de Castilla, y Carlos II de Navarra.
Sin movernos de la Villa de Briones, aprovechamos la visita para
acercarnos a conocer una de las aportaciones más documentadas
de todo el mundo acerca del peculiar entorno vitivinícola,
se trata del Museo de la Cultura del Vino, reflejo emblemático
de la Fundación Dinastía Vivanco.
El Museo presenta un paseo por la historia y la cultura del vino,
un producto asociado a la mitología y la religión,
con fuerte presencia social, y cuya elaboración precisa
de trabajos, tanto en el campo como en la bodega, que recogen
la esencia de labores tradicionales. Consta de cinco espacios
temáticos distribuidos en 9.000 metros cuadrados que incluyen
salas de exposiciones permanentes, exposiciones temporales, conferencias,
centro de documentación, aula de cata, restaurante, cafetería,
tienda, zonas de jardín y un área de recreo infantil.
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